domingo, 11 de junio de 2023

LA SENSIBILIDAD AL GLUTEN DEL TRIGO VA EN AUMENTO

 


Un trabajo de investigación de la Clínica Mayo y de la Universidad de Minnesota, analizó la sensibilidad al trigo en muestras de sangre congeladas de hace más de 60 años. 

Para su sorpresa, encontraron que hoy en día hay cuatro veces más personas con sensibilidad al gluten del trigo que hace seis décadas.


Los investigadores concluyeron que el cambio de dieta ocurrido desde entonces, es el factor determinante en este aumento.


La forma de vida actual nos ha llevado a consumir trigo a veces en desayuno, almuerzo y cena, sin contar con las chucherías (que están llenas de él).


La preocupación radica en que la intolerancia al gluten del trigo, llamada Enfermedad Celíaca o celiaquía, está relacionada con una tasa de mortalidad cuatro veces mayor que la media de la población no sensible y está asociada a un gran número de enfermedades.


Se define a la Enfermedad Celíaca como una enfermedad hereditaria autoinmune, en la cual el revestimiento del intestino delgado resulta dañado en respuesta a la ingestión de gluten y otras proteínas que se encuentran en el trigo, la cebada, el centeno y posiblemente la avena.


El gluten es la parte proteíca del trigo. Cuando lo ingerimos su digestión es incompleta. Las fracciones de gluten que no se pudieron digerir completamente generan en personas predispuestas genéticamente, una respuesta autoinmune que atrofia la mucosa intestinal. (Autoinmune significa que el sistema de defensa del organismo ataca sus propios tejidos confundiéndolos con patógenos).

La forma clásica de la Enfermedad Celiaca se presenta con diarrea y esteatorrea (heces flotantes y mal olientes) cuando se consumen alimentos que contienen trigo, es decir, pan (de cualquier tipo: integral, arabe, blanco, etc.), pastas (espaguetis, fideos, pasticho, etc.), galletas, tortas, biscochos y la mayor parte de los alimentos procesados (porque aunque no lo describen en la etiqueta, se usa mucho en la industria para dar textura, consistencia y para rendirlos, ya que es muy barato).

 

En la infancia es fácil de diagnosticar, ya que se presenta con desnutrición, raquitismo y frecuentemente anemia por malabsorción intestinal. Se retarda el crecimiento de los niños, presentando menor estatura que el promedio de su edad o tienen problemas de malformación en las extremidades.

 

En la etapa adulta, la enfermedad en su forma clásica por lo general se presenta después de algún evento estresante o enfermedad. 

 

Ahora bien, el problema con la Enfermedad Celíaca es que no sólo se presenta en su forma clásica. Hoy en día se sabe que hay intolerancia, alergia o incluso sensibilidad al gluten no celíaca. De ésto hablaremos en otro artículo.

 

La mayor parte de los enfermos celíacos no lo saben porque son asintomáticos y pasan la mayor parte de su vida presentando síntomas tan dispares como baja fertilidad, estreñimiento o colon irritable, trastornos cutáneos u óseos y nunca son diagnósticados como tales.

 

Entonces, se sabe que la mayor parte de los enfermos celíacos no presenta los síntomas clásicos de la enfermedad. Pero, el hecho de que algunos enfermos celíacos no presenten síntomas no quiere decir que no tengan problemas de salud. Sí los tienen, y muy graves en algunos casos.

 

Aclaremos.

 

Las enfermedades o condiciones asociadas a la Enfermedad Celíaca, sea esta sintomática o no son las siguientes:

 

Anemia por deficiencia de hierro

Osteoporosis y osteopenia

Deficiencia de vitamina K asociado con riesgo de hemorragia y moretones (como la epistaxis o sangrado nasal)

Deficiencias de vitaminas y minerales

Desórdenes del sistema nervioso (Esquizofrenia, autismo, síndrome de falta de atención, ataques de pánico)

Insuficiencia del páncreas que puede llevar a diabetes

Linfomas intestinales

Síndrome del intestino irritable

Otras sensitividades a comidas, por ejemplo a la lactosa.

Baja fertilidad

Trastornos cutáneos (confirmado: dermatitis herpetiforme, probablemente: queratosis pilar)

Enfermedades de la tiroides

Lupus

Cirrosis biliar primaria

Hepatitis activa crónica

Escleroderma

Enfermedad de Addison

Artritis reumatoide

Síndrome de Sjögren

Síndrome de Down

Rinitis frecuentes

Bronquitis crónica

Sinusitis

Obesidad

 

¿Qué hacer?

El único tratamiento posible, hasta ahora, es la dieta libre de gluten.

Los alimentos a restringir, en general son los siguientes:

Pan de cualquier tipo (blanco, integral, árabe, dulce, etc.)

Pasta, bizcochos, galletas, croasanes, pastelitos, empanadas chilenas y similares.

Bebidas como cerveza, malta y whisky.

Alimentos procesados (salsa Ketchup, mayonesa, chucherías, helados y yogures industriales, bebidas envasadas con espesantes como chicha, jugos y néctares).

 

¿Y cómo saber si se es intolerante o sensible al gluten del trigo si no presenta los síntomas clásicos de la celiaquía?

 

Si sufres frecuentemente de resfriados, o si has sido diagnosticado con sinusitis, o con colon irritable, o eres estreñido, o se te infla el abdomen después de comer, si presentas problemas óseos, o baja fertilidad inexplicable, o presentas problemas cutáneos como dermatitis herpetiforme o queratosis pilar (piel de gallina); en cualquiera de estos casos podrías sufrir de sensibilidad o  intolerancia al gluten. 

 

Si no tienes los medios para hacerte los estudios médicos que lo confirman, has algo muy práctico: deja de comer gluten por una o dos semanas. Si mejoran tus síntomas, ya sabes a qué atenerte.

 

Una aclaratoria adicional: por lo general, cuando somos sensibles al gluten también lo somos a la caseína de la leche, que es una proteína también. Esto es independiente de la intolerancia a la lactosa, que es un azúcar.

 

Y no te sorprendas si al dejar de comer gluten (y quizá caseína también) adelgazas sin pasar hambre y además se te aclara la mente, te tranquilizas y duermes mejor.

 

Hacer el cambio de alimentación no es fácil, me consta, pero vale la pena intentarlo.

 

Si requieres de asesoría para mejorar tu alimentación u orientación de cómo mejorar tu salud con métodos naturales, obtén información sobre mis programas y consultas. Puedes enviar un email a ereboll@gmail.com o ubícame en Mi página de Facebook

 

sábado, 22 de abril de 2023

CELEBREMOS EL DÍA DE LA TIERRA Y MEJOREMOS NUESTRA SALUD EVITANDO EL "EFECTO ANTENA"

 Desde el año 1970 se celebra todos los 22 de abril, el día de la Tierra.

 

Esta fue una iniciativa que surgió de la necesidad de concientizar a la población sobre los problemas de contaminación ambiental que sufre nuestro planeta.

 

Todos los días 22 de abril, en una gran parte del mundo, diversas personas y organizaciones  elevan su voz, para invitar a la población a tomar consciencia de lo que estos problemas ambientales representan y de, además, tomar acción para combatirla.

 

Y es que debemos tomarnos muy en serio lo que representan los problemas ambientales de la Tierra. No es sólo que los suelos, el agua y el aire estén contaminados, es que esa contaminación ambiental nos está enfermando e incluso en muchos casos, está matando a muchas personas, en todos los rincones del mundo.

 

No puede haber salud para ningún ser humano que viva en un área con elevados niveles de contaminación. Más tarde o más temprano pagaremos las consecuencias.

 

Solventes orgánicos, dioxinas, ptalatos, plaguicidas, herbicidas, radiación, metales pesados como mercurio, plomo, cadmio y arsénico, son sólo una pequeña lista de las sustancias que contaminan nuestro ambiente y que por lo tanto están deteriorando nuestra salud.

 

Es por ello que resulta recomendable hacer un acercamiento a la naturaleza, volver al contacto primigenio. Comer de manera más natural. Comer comida de verdad, sin aditivos químicos que deterioran nuestra salud lenta e inexorablemente.

 

Surge por ello la necesidad de estimular los procesos de desintoxicación natural de nuestro cuerpo, que ya no se da abasto para hacer su función. Sobrepasada con creces por un ingreso constante de toxinas que salen a una velocidad de nuestro cuerpo menor que las que ingerimos.

 

Esto ocasiona que vaya quedando  un remanente que se va acumulando lenta e inexorablemente. Y más tarde o más temprano nos pasa factura.

 

Pero no es suficiente con una alimentación sana, ejercicio adecuado, control del estrés y la estimulación del proceso de desintoxicación de nuestro cuerpo. 

 

Podemos estar haciendo todo eso y aún así perder la salud.

 

Porque hay que también tomar en cuenta un factor que se pasa por alto con mucha frecuencia: la falta de contacto con la Tierra. 


 

 ¿Desde cuándo no caminas descalzo? Conozco personas que no lo hacen desde que eran niños. Y aunque salimos a disfrutar de la naturaleza, vamos al parque, a la montaña, etc., en realidad no nos conectamos con ella. Vivimos aislados (eléctricamente hablando) por medio de las suelas de nuestro calzado y la ropa que usamos.

                                                                               

 Cada día hay más evidencias científicas que demuestran que muchos problemas de salud pueden ser debidos a nuestra "desconexión" con la tierra. Y cuando hablo de problemas de salud me refiero a dolencias como dolores crónicos, artritis, alergias, insomnio, obesidad, fatiga, problemas inmunológicos, hipertensión y muchas otras que por ahora no me las van a creer.

 

Estamos rodeados de campos electromagnéticos y no los percibimos. De hecho, somos seres electromagnéticos y no lo sabemos.  ¿Cuántas veces habremos padecido de dolores de cabeza, subidas inesperadas de tensión, angustias o depresiones inexplicables que pudieron haberse resuelto con tan sólo poner los pies descalzos en el piso?

 

Es tan sencillo, que es como  para no creerlo. Hasta que lo estudiamos.

Nunca había sido tan evidente el poder sanador de la madre Tierra como en este caso.

 

Es probable que sepas que la Tierra tiene un campo electromagnético. Pero ¿sabes que el cuerpo humano también lo tiene, más aún que es posible que cada célula lo tenga?

 

Estos campos electromagnéticos naturales son beneficiosos, no como los otros campos electromagnéticos de los que nos han dicho que son dañinos para nuestra salud.  Me refiero a los de las torres de alto voltaje, los de las antenas repetidoras de las microondas de los teléfonos celulares e incluso los de los electrodomésticos que nos rodean.

 

Los campos electromagnéticos del cuerpo son naturales, forman parte de nuestro ser y son beneficiosos. Ayudan a regular procesos bioquímicos importantes y permiten a las células comunicarse entre sí con impulsos eléctricos. Además están diseñados para interactuar con los campos electromagnéticos de la Tierra para ayudar a mantener una salud óptima.

 

Pero hay un problema: cuando estás desconectado de la Tierra, los sistemas eléctricos de tu cuerpo se alteran y la salud se deteriora.  Te haces más susceptible a los otros campos electromagnéticos: a los artificiales. Y si estas contaminado con metales pesados, tu susceptibilidad se incrementa.


Sólo son sanos los campos electromagnéticos naturales.

 

¿Eres  una de esas personas que dejan cargando el celular en su mesita de noche, tienen un televisor y/o una computadora  en su habitación y quizás también tiene un radio-reloj despertador cerca de la cama?

 

Cada día hay más científicos, organizaciones de defensa de la salud, organizaciones ecologistas e incluso gobiernos que están advirtiendo del daño tan grave para la salud que representan los campos electromagnéticos artificiales. Los resultados han sido tan alarmantes que incluso la Agencia de Protección del Medio Ambiente en los Estados Unidos a llamado a "limitar su exposición".

 

Al parecer,  en las personas que tienen en su cuerpo almacenados metales pesados, (es decir, TODOS NOSOTROS, en menor o mayor medida), estos metales actúan como antenas que atraen, enfocan, los campos electromagnéticos que nos rodean. Mientras más metales estén presentes, más fuerte es el llamado “Efecto Antena” y por ello,  más síntomas y consecuencias nocivas aparecerán.

 

El Dr. Robert Becker, en su libro “Cross Currents” (Corrientes cruzadas), explica el hecho de que bacterias en cultivo, que son sometidas a campos electromagnéticos, son engañadas en el sentido de que perciben esto como un ataque inmune y reaccionan secretando mayor cantidad de toxinas. Como consecuencia, bacterias que normalmente son inofensivas, se hacen mucho más virulentas y peligrosas, especialmente, como lo dijimos anteriormente,  en personas que están contaminadas con metales pesados.

 

Por ello usemos los celulares tan sólo para lo imprescindible. No son equipos para mantener largas conversaciones. No le entreguemos estos equipos a los niños, ya que ellos son los más susceptibles.  No los dejemos cargando cerca de nuestra cama cuando nos acostamos.

 

Apaguemos y de ser posible, desenchufemos todos aquellos electrodomésticos que no estemos usando. Y mantengámonos alejados de las áreas de mayor riesgo electromagnético como las torres de alta tensión, los condensadores  y las antenas repetidoras.

 

Es necesario el contacto directo con nuestra madre Tierra. Caminar descalzos; acostarnos con poca ropa en el piso (que no sea de plástico, madera o con alfombras); caminar sobre la grama (especialmente cuando está húmeda) o sobre la tierra misma.

 

Una manera muy efectiva de hacer contacto con la Tierra y lograr un equilibrio electromagnético con ella, es caminar descalzos en la orilla de la playa. Que las olas nos mojen los pies. Además, es muy relajante.


A todas aquellas personas con problemas de insomnio o mal dormir, les recomiendo que, antes de tomarse una píldora,  intenten primero caminar descalzos una hora en la noche  O que se acuesten en el piso por media o una hora. Luego desconecten todos los aparatos eléctricos que tengan en su habitación. No basta con apagarlos, algunos hay que desenchufarlos, como los televisores, por ejemplo.

 

Hagan la prueba por varios días y tan sólo en el caso de que no mejore el sueño recurran a otras soluciones para ayudarse a dormir.

 

Celebremos pues este día tomando la decisión de volver a a conectarnos con nuestra madre Tierra. Nuestra salud puede depender de ello.

 

Si requieres de asesoría para mejorar tu alimentación u orientación de cómo mejorar tu salud con métodos naturales obtén información sobre mis programas y consultas. Puedes enviar un email a ereboll@gmail.com o ubícame en Mi página de Facebook 

 

viernes, 31 de marzo de 2023

COMO LA ALIMENTACIÓN PUEDE MODULAR NUESTRO COMPORTAMIENTO -

 

Los adultos hoy en día, hemos adquirido la muy mala costumbre de “premiar” a los niños con dulces y golosinas, también llamadas chucherías; así como hemos perdido la costumbre hogareña de preparar jugos de frutas frescas y los hemos sustituido con jugos envasados o, peor aún, con bebidas gaseosas o refrescos.

Luego nos quejamos de que estos “niños de ahora” son insoportablemente inquietos y a muchos los llevamos al médico o al psicólogo, cuando no al psiquiatra, porque la maestra sospecha que tienen el Síndrome de Falta de Atención y/o Hiperactividad.

Son muchos los trabajos que se han realizado sobre el efecto del azúcar y los colorantes o saborizantes artificiales sobre el cerebro. 

Por ejemplo, en 1979, en la ciudad de Nueva York se hizo un estudio cambiando la alimentación de los escolares. Tan sólo se eliminó el azúcar y los aditivos alimenticios (colorantes y saborizantes) y se obtuvo una mejoría del 16 % en su capacidad mental. Esto sin tomar en cuenta cambios en el comportamiento y sin mejorar la calidad de los otros alimentos.

En la revista de novedades médicas Lancet, se publicó un artículo que relaciona directamente al colorante amarillo nº 5 (tartrazina) y al benzoato de sodio (conservante) con la hiperactividad.

Sobre este tema el Dr. Benjamin Feingold, alergólogo y pediatra norteamericano, escribió un libro titulado “Porqué su hijo es hiperactivo”, en el cual establece que los colorantes, saborizantes y colorantes artificiales, son cofactores tanto en los problemas de aprendizaje de los niños como los de conducta. 

 

Establece además, que existe una conexión del trastorno por déficit de atención con hiperactividad con ciertas alergias e intolerancias alimentarías. Desarrolló una dieta libre de aditivos (colorantes artificiales, potenciadores del sabor, conservantes...) y salicilatos (sustancias similares a la aspirina, presentes en ciertas frutas y verduras). En su opinión, esta dieta podía prevenir ciertas alergias infantiles.

Para su sorpresa –y la de los padres de los niños tratados– muchos de los menores que la siguieron no sólo mejoraron sus síntomas de alergia, sino que experimentaron cambios muy positivos en su comportamiento. 

 

Niños problemáticos, inquietos y con escasa capacidad de concentración y atención –signos del trastorno de déficit de atención con hiperactividad–, mejoraban en todos esos parámetros.

Es interesante notar que actualmente el tratamiento de los niños con autismo (los cuales representan el extremo de un gradiente de comportamientos que comienza con la falta de atención) establece como parte imprescindible del tratamiento, seguir una dieta que comienza con la eliminación de colorantes, conservantes, azúcares refinadas, luego eliminar los productos lácteos (caseína), y por último se sugiere la eliminación del gluten (proteína del trigo, contenida en panes, pastas, galletas, bizcochos, tortas, bebidas envasadas y muchos alimentos procesados).

En vista de todo lo aquí planteado, los adultos debemos reflexionar y antes de darle una “chuchería” o golosina a un niño, mejor darle una fruta, a ver si podemos revertir un mal hábito y convertirlo en uno saludable.

Y en general, debemos cambiar lo que comemos todos en casa para mejorar la salud de la familia. No sólo los niños. Comer comida de verdad, no alimentos procesados llenos  de aditivos nocivos para la salud.

 


Pero esto no se queda aquí. La relación entre el comportamiento y la alimentación tiene profundas consecuencias. Incluso puede relacionarse con la violencia. Veamos…

 

Todos en algún momento hemos comentado sobre el aumento de la violencia y la agresividad  en nuestro país y en el mundo.

 

Las causas de este fenómeno pueden ser muchas y complejas. Factores como experiencias de abuso infantil, enfermedades mentales, falta de afecto en la infancia temprana, alcoholismo, uso y abuso de drogas y estupefacientes, se han señalado como origen de este flagelo.

 

Sin embargo, poca o ninguna importancia se le ha prestado a un factor generador de violencia que puede ser revertido. 

 

 

Este factor es la alimentación.

 

Muchos se preguntarán: ¿Y qué tiene que ver la alimentación con los comportamientos violentos?

 

Pues mucho...

 

Cuando decimos: “somos lo que comemos”, estamos diciendo mucho más de lo que nos imaginamos. Lo que comemos condiciona nuestra salud física y mental.

 

El primer factor alimenticio que modula nuestro comportamiento es precisamente el alimento de nuestro cerebro: la glucosa. 

 

Ese es el combustible que usualmente necesita para poder funcionar. Generalmente el cerebro lo obtiene del azúcar o los carbohidratos que contienen los alimentos. 

 

Si en un momento determinado no hay un suministro suficiente de glucosa, se produce una reacción del organismo para que le busquemos su alimento al cerebro. Nos va la vida en ello. Luego sentimos hambre.

 

Si comemos en ese momento, todo vuelve a la normalidad. El cerebro recibe su ración de glucosa y seguimos como si nada.

 

Algunas personas tienen tolerancia a la sensación de hambre. Hay otras que no.

 

Las personas que son hipoglicémicas (a las que se les “baja” el azúcar) no tienen tolerancia a la falta de glucosa en su cerebro. Pero muchas veces no se dan cuenta de que lo que tienen es hambre y en su lugar lo que sienten es rabia, inquietud, o un malestar indefinido.

 

Si a una persona hipoglicémica se le presenta una situación incómoda o irritante cuando tiene el azúcar baja, casi automáticamente reaccionará con violencia. Y esta reacción será tanto más acentuada cuanto más hipoglicémica sea.

 

Se han realizado estudios en poblaciones de penales y cárceles en diversas partes del mundo y han encontrado que existe una relación directa entre el grado de violencia que manifiesta un recluso y su grado de hipoglicemia. 

 

Más aún, se encontró que un elevado porcentaje de presos son hipoglicémicos.

 

Con poblaciones de penales y cárceles se han realizado estudios de cambio de alimentación para controlar la hipoglicemia y los resultados han sido sorprendentemente positivos. Y una de las recomendaciones más importantes para nivelar el contenido de glucosa en sangre, es precisamente, evitar el consumo de azúcar y todo tipo de dulces y golosinas.

 

Un elevado porcentaje de reclusos mejora su comportamiento cuando cambian su alimentación evitando el consumo de azúcar y alimentos ricos en carbohidratos de fácil asimilación. Muchos de ellos, los que mantienen su nueva dieta al salir de la prisión, no vuelven a reincidir.


Esto nos lleva a otro punto relacionado con la violencia: el alcoholismo.

 


Estudios muy recientes han encontrado que muchos de los alcohólicos son hipoglicémicos.  Y recordemos que siempre se ha asociado el consumo de alcohol con los comportamientos violentos. 

 

Al parecer, los alcohólicos logran superar el malestar que les ocasionan las bajadas de azúcar consumiendo bebidas alcohólicas. 

 

Pero este efecto dura poco, ya que se produce una reacción del organismo   y vuelven a sentir la necesidad de tomar alcohol. Se crea un círculo vicioso que los lleva a la dependencia.

 

Otro factor alimenticio directamente relacionado con la violencia es el consumo de grasas  y aceites.

 

El 60 % de nuestro cerebro es grasa. 

 

Más concretamente ácidos grasos. Y su función primordial es envolver como capa aislante a las células nerviosas. Estas son como cables que trasmiten impulsos eléctricos. 

 

El cerebro y todo el sistema nervioso funciona como una red de cables que conducen electricidad. 

 

La calidad de las grasas que consumimos es vital para un correcto funcionamiento cerebral y de todo el sistema nervioso. 

 

Si son grasas Omega 3, las células cerebrales y nerviosas funcionan a la perfección, de lo contrario se presentan problemas de conducción de los impulsos nerviosos.

 

En Inglaterra y en Estados Unidos se han realizado pruebas clínicas que demuestran que la deficiencia nutricional de éstas grasas propicia comportamientos violentos, mientras que, por el contrario, presos sometidos a un cambio de alimentación en la que se incluyeron estos ácidos mejoraron notablemente sus conductas, volviéndose menos agresivos.

 

Estos  ácidos grasos se encuentran en los pescados, el aguacate, el aceite de oliva y muchas semillas como la linaza, las nueces, etc. 

 

Sin embargo, durante los últimos años su consumo se ha reducido, especialmente porque a aumentado el consumo de aceites industriales que impiden conexiones neuronales apropiadas, tales como los aceites industriales de canola, soja, maíz y girasol, así como el uso de grasas trans  en las margarinas y mantecas industriales. 

 

Un último factor alimenticio,  que por los momentos, podemos relacionar con comportamientos violentos son los aditivos alimenticios.


 
Algunos de estos aditivos, como el aspartame, el glutamato monosódico y lo que llaman proteínas hidrolizadas, son excitotoxinas.

 

Las excitotoxinas se caracterizan porque cuando las neuronas se exponen a estas sustancias se sobreexcitan y aceleran sus impulsos nerviosos rápidamente hasta llegar a un punto de agotamiento extremo que puede llevar incluso a la muerte de la célula.

 

Por otra parte, las excitotoxinas estimulan las papilas gustativas de la lengua, resaltando y mejorando el sabor de las comidas y además crean adicción.

 

Esa es la función del glutamato monosódico, también llamado ajinomoto, principal aditivo de la comida china y responsable del síndrome del “restaurante chino” (dolor de cabeza, sudoración, enrojecimiento facial, fatiga, ardor en todo el cuerpo, ansiedad).

 

El efecto de las excitotoxinas  sobre el comportamiento es tan marcado, que en un experimento realizado con glutamato monosódico, se le inyectó una pequeña cantidad de éste directamente al cerebro de un ratón, en el hipotálamo. Y la reacción fue tan fuerte, que el ratón se puso tan agresivo y violento que mató a un gato que colocaron en su jaula. ¿Pueden imaginarse ésto?

 

Ahora detengámonos un momento a pensar qué estamos haciendo con nuestros niños y adolescentes.

 

Muchas veces salen a la escuela o al liceo sin comer, desayunan tarde y ¿qué comen?. He visto a muchos desayunar con una bebida azucarada y una bolsita de pasapalos (snacks) llenos de aditivos alimenticios, saborizantes y colorantes artificiales. 

 

¿Qué puede suceder con un desayuno así?

 

Los más susceptibles llegarán a clases con el azúcar baja, en lo que puedan se compraran un refresco y un pasapalo o snack. Esto hará que se les suba rápidamente la glicemia en sangre, pero al rato viene el bajón de la hipoglicemia reactiva. 

 

Esto sumado a las excitotoxinas provenientes de lo que comieron dispara en ellos comportamientos violentos.

 

No nos damos cuenta, pero los adultos estamos siendo en parte culpables, por ignorancia, de atizar la violencia estudiantil, y creando hábitos, que desgraciadamente, perdurarán por el resto de la vida.   

 

Para evitar esto es recomendable les enviemos ya desayunados a clase, y debemos supervisar lo que en realidad consumen en las cantinas escolares.

 

No niego la importancia de factores sociales o biológicos, pero tengo la firme convicción de que si interviniéramos su alimentación, disminuirían sensiblemente los episodios de violencia que estamos sufriendo cada vez con más frecuencia entre los jóvenes.

 

¿Y tú qué opinas?

Si requieres de asesoría para mejorar tu alimentación u orientación de cómo mejorar tu salud con métodos naturales obtén información sobre mis programas y consultas. Puedes enviar un email a ereboll@gmail.com o ubícame en Mi página de Facebook 


 

Referencias:

Hyperactivity: a consideration of the alternatives.

https://psycnet.apa.org/record/1995-33455-001

 

Evidence for abnormal glucose tolerance test among violent offenders

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7057987/

 

Progress on relationship between omega-3 polyunsaturated fatty acids and violent-aggressive behavior

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21425611/